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2.09.2015

Diooooooos



A veces hablábamos. Le preguntaba sobre tríos.

No entendía nada, y me respondía con otra pregunta.

- ¿A qué viene esto?

- Ideas que se me vienen a la cabeza... Pensé en onírico.

Desconocido como relación social, enamorado como relación emocional. 

Podía verlo en mi mano, como es normal en la actualidad. Le acariciaba la cara con dos toques de dedo.

Y allí estaba, en la puerta del McDonald's, 180 centímetros vestidos de negro, esperando...


- ¿Y qué? Jajaja - respondió él.

- Te encanta ladrar. Y a mí, esperar.


Sí, como cuando dices ''perro ladrador, poco mordedor''.


- No te entiendo...

- ¿Ladrar?

- ¿Un trío, con quién?

- Es que, sinceramente, estoy flipando.


Arriesgar. Como cuando alguien que quiere morir sube a la azotea de un edificio, y se lanza al vacío.


- No te entiendo...


Yo si lo entendía. Yo si lo entiendo.


- No hay nada que entender. Es mucho mejor sentir. 


Sentir. Como cuando alguien besa tu cuello.

Como cuando te sumerges en el agua.

Como cuando te miras al espejo, y descubres tu interior.

Como cuando me toco. Como cuando mis manos recorren mi cuerpo y se funden con el.

Como cuando te corres.

Como cuando no sabes qué decir, y sólo mandas emoticonos.


¿Por qué The Elephants?

No sé, creo que te gusta Dalí. De todas formas, no hace falta que cuadre nada.



The Elephants by Salvador Dalí - 1948
































2.08.2015

La cuestión de soltar | agarrar



Cuando agarro encuentro.

Cuando agarro me divierto como cuando era un niño pequeño.

Cuando agarro te necesito.

Cuando me agarras me agobio.

Cuando suelto me siento solo.

Cuando suelto me relajo.


¡Mierda!


Soy mejor que tú, capullo.

Cuando me agarras me encuentras como jugando al escondite.

Cuando te agarro me vengo.

Cuando me agarras me haces daño.

Cuando me sueltas me pierdo.

Cuando me sueltas me puedo estirar, como una gallina al despertar.


























9.29.2014

Brujas del pasado








































Aquella mañana no entendía nada. 1434

¿Viaje en el tiempo?

¿Abdicación de Felipe VI? 

¿Reencarnación de Dalí? 

Un lado era más grande que el otro; pequeño y no gris, sino marrón.

Me gustan los reflejos - pensé yo.

Como el chirriar de la tiza en la pizarra. Como el grito de ansia.

El puto tiempo corre cuando le conviene. Egoísta y altanero.

Que bonito el roce del cariño. El corregir de un padre. 

"Quiero probar como frena" - dijo en actitud pueril. 

Sólo es una aventura.  Los he hecho estando sólo, pero he conocido a gente en la estación. 

Le cogí pánico a crecer. No quiero ser el loco.

Su hija es también prostituta. Yo no quiero ser buena. 

Sin el miedo, no existiría la verdadera seguridad.
Yo me enteré el otro día que lo escuché por la radio. 

9.11.2014

Entrevista al Marqués Mío, palabra de gitano


Piazza della Signoria - Bernardo Belloto





























La noche iba sobre reencuentros, amigos, fiesta y unos cuantos flamencos.

Tenían hambre y decidieron entrar a  un tal McDonald's, ese junto a las prostitutas. 
Junto a la boca del metro donde esperan. 
Donde si miras hacia arriba, sólo te ves a ti.

Posteriormente, se dirigieron hacia el epicentro de la movida, y mientras el tiempo hacia de las suyas, ellos caminaban. Por la calle Colón quisieron ir. No sé si fue por algo en concreto. Ahí está el Wharf.

Quedando poco para girar a la derecha, sucedió. ¡Sorpresa!

Ellos, artistas en potencia e inexpertos en la vida, habían estado hablando sobre él, minutos antes. Tal vez segundos. No muy allá. Por el camino que comunicaba la Villa de Madrid con el vetusto pueblo de Fuencarral.

Sin desviarme del tema, en ese momento, como en el -V- de ese poeta maldito, el tiempo reapareció; el tiempo reinó. Se detuvo, y con esto atrajo recuerdos, pesadillas, cóleras y neurosis. 
El mundo se contrajo, el espacio se expandió, el CORAZÓN explotó.

Ellos, artistas en potencia e inexpertos en la vida, seguían caminando. Él lo miró, se miraron... Pero siguieron. Giraron a la derecha y uno de ellos se dio la vuelta, el otro no. ¿Miedo?

Todo pasó, el mundo se expandió, el espacio se contrajo y ellos, artistas en potencia e inexpertos en la vida, se fueron a CORAZÓN, ahí bebieron, rieron y vieron a la novia del Duque.

Fotos. Risas. Luces. Señor peculiar en bicicleta luminosa.

Ellos, terminaron la noche en el Wharf 73 con una gran hormiga. 

- Y, ¿ÉL? ¿Qué pasó con el que se dio la vuelta? 

El que NO se dio la vuelta enfermó. Le diagnosticaron síndrome de Stendhal, y con delirios y alucinaciones y algo confundido, fue a morir a la cuna del Renacimiento. Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados.

El otro, sólo es un tío guay. 

Y bueno, ahora me encuentro en Florencia sin saber si esto algún día ocurrió. 

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