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| Piazza della Signoria - Bernardo Belloto |
La noche iba sobre reencuentros, amigos, fiesta y unos cuantos flamencos.
Tenían hambre y decidieron entrar a un tal McDonald's, ese junto a las prostitutas.
Junto a la boca del metro donde esperan.
Donde si miras hacia arriba, sólo te ves a ti.
Posteriormente, se dirigieron hacia el epicentro de la movida, y mientras el tiempo hacia de las suyas, ellos caminaban. Por la calle Colón quisieron ir. No sé si fue por algo en concreto. Ahí está el Wharf.
Quedando poco para girar a la derecha, sucedió. ¡Sorpresa!
Ellos, artistas en potencia e inexpertos en la vida, habían estado hablando sobre él, minutos antes. Tal vez segundos. No muy allá. Por el camino que comunicaba la Villa de Madrid con el vetusto pueblo de Fuencarral.
Sin desviarme del tema, en ese momento, como en el -V- de ese poeta maldito, el tiempo reapareció; el tiempo reinó. Se detuvo, y con esto atrajo recuerdos, pesadillas, cóleras y neurosis.
El mundo se contrajo, el espacio se expandió, el CORAZÓN explotó.
Ellos, artistas en potencia e inexpertos en la vida, seguían caminando. Él lo miró, se miraron... Pero siguieron. Giraron a la derecha y uno de ellos se dio la vuelta, el otro no. ¿Miedo?
Todo pasó, el mundo se expandió, el espacio se contrajo y ellos, artistas en potencia e inexpertos en la vida, se fueron a CORAZÓN, ahí bebieron, rieron y vieron a la novia del Duque.
Fotos. Risas. Luces. Señor peculiar en bicicleta luminosa.
Ellos, terminaron la noche en el Wharf 73 con una gran hormiga.
- Y, ¿ÉL? ¿Qué pasó con el que se dio la vuelta?
El que NO se dio la vuelta enfermó. Le diagnosticaron síndrome de Stendhal, y con delirios y alucinaciones y algo confundido, fue a morir a la cuna del Renacimiento. Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados.
El otro, sólo es un tío guay.
Y bueno, ahora me encuentro en Florencia sin saber si esto algún día ocurrió.
