Es él, porque le discute a ella.
Le dice que se preocupe por su vida porque él sólo se preocupará de la suya.
Ella se ríe amargamente, y lo mira de soslayo.
Él le pregunta, no con poca ironía, qué tal la vida.
Le afirma el clímax perenne de su dulce tortura.
Y también, ríe amargamente.
El espacio nos acorrala y a las palabras se las lleva el viento.
Es él, pero no se da cuenta.
Porque el mundo ideal existe, y porque Platón está presente.
Justificaciones.
Y mucha culpabilidad.
Usted debería saberlo.