Aparece como una sonrisa.
Como un susto interno que te llena de risa.
Con superioridad explora mi mirada. Me enseña la lengua de forma pasiva, insensata, lasciva.
Me produce un orgasmo tímido, benévolo, perezoso y de placer desmesurado.
Aparece.
En un puticlú.
En mi habitación.
En la entrada de ese restaurante.
En los semáforos.
En tus venas.
En mi, como yo en ti.
Implosiona y se desintegra. Se completa.
Me rindo, me tiene de rodillas.
Estoy cansado, tengo calor, y aquí estoy.
Como una cuerda de nudos que sale de una niebla.
De un humo espeso que se resiste a dejarme al descubierto.