Hace mucho tiempo comprendí la importancia del sitio adecuado.
La grandeza de tu corazón, y la bondad de tu alma.
La esencia de tu ser, y la suavidad intrínseca de tu mirada.
Pero me encanta revolcarme en el fango.
Llegar a las profundidades de la oscuridad más absoluta.
Descender entre piedras y espinas.
Debo reconocerlo, quizás no aceptarlo.
Debo confesarte que nunca había tenido motivos para despertar ansias de olvidar el ahora.
Y calmar esos latidos del espíritu hambriento por vivir no sólo aquí.
Sino también allí.