Como cuando sales de fiesta y te duelen las piernas. Como cuando estás de resaca y necesitas una ducha.
Como cuando eres feliz por un momento y todo es perfecto.
Como cuando no somos
conscientes de esos instantes y dejamos que pasen, como si del curso de un río
se tratase.
No somos perfectos, no cambiaríamos ese curso.
Risas, fotos, paellas, risas, azul, piedras, verde, caminos,
perros, risas.
De repente.
¡Llegaron! Mirada prendida de una cuerda blanca. Luces
terribles creando arte urbano.
Sentimientos encontrados.
¿Nervioso?
Los músculos se encontraban cegados y la gravedad se
apagaba.
¿Efectos?
Tal vez fuera eso. Tal vez esto no es. No lo creo, no lo
quiero.
Escaleras a toda prisa. ¡Hola! ¡No, esto no es mío!
¡Dalí!
La gente es muy cotilla, ¿Sabes?
¡Qué hablen! ¡Qué digan! ¡Qué difamen!
Pero que sepan que es denigrante.
La felicidad torna a un estado de desconcierto como cuando
enciendes una cerilla.
Y bueno, ya lo sabíamos.

