Siento que te me vas de las manos, corro y me corro y sigo y me persigo y persigo algo que no entiendo. Algo que no se sabe si alcanzaré pero que no puedo dejar que me gane.
¿El qué?
Tú que todo lo curas... omnipresente... único... eres casi un dios. Pero te quedas en pura física. Te utilizo para medir la duración de mis propios actos pero parece que eres tú quien lleva las riendas.
No aguanto, me desvanezco, me evaporo como si de humo se tratase, y entonces es cuando me acuerdo de aquella bolsa blanca flotando.
El aire.
Y esas palabras escritas por un tal Alan Ball, saliendo de la boca de otro tal Wes Bentley.
¡Oh!
''A veces hay tantísima belleza en el mundo, que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando...''
Otras veces me canso y paro de correr, pienso que no vale la pena, que yo te manejo, te domino, y me río de ti.
¡Já!
Porque no hay nada bien. No hay nada mal. Sólo hay belleza, pero no perfección.
Y entonces se me viene a la cabeza esa frase de mi surrealista favorito, que un día escribí en una decena de folios, y que hoy se encuentran en la pared de mi habitación, recordándome cada mañana que no le tengo miedo a la perfección porque es un concepto que nunca alcanzaré.
Según la RAE, es algo que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto.
Pues para mí, el arte.
Sí, eso es lo perfecto. Puede ser extraño, inútil, arcaico, chocante, excepcional, fascinante... pero siempre reunirá las cualidades que el artista haya deseado. Y es cuando tú.
El tiempo.
Dejas de importar. Te detienes y YO. Él que te domina, se para a observar y se da cuenta de la importancia que tienes en la persistencia de la memoria.