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11.26.2014

Forzada a caer bien, y no hacerse daño

© Evelyn Bencicova

































Todo son recuerdos.

Me contaba que moría mientras me aplastaba con su cuerpo.

Desconectaba, y viajaba a otra Tierra.

Tocaba el cielo con las manos debido al impulso del placer.

Sola y en bajito, gemía. 

Se reía y me abrazaba fuertemente. 

Recuerdo que yo no conté mi orgasmo, pero me lo imaginaba paso a paso.

Allí, en aquella cama catalana se fundían tres nacionalidades.

Vi una ventana al revés y la brisa recorría mi cuerpo. 


Conocí la pureza del color blanco. Tan elegante, tan clasista, tan rebelde.


Terminó ese recuerdo y viajé a Madrid, a ese momento de impotencia. 

Ya no estaba encima de mí. 

Estaba a mi lado, y yo la abrazaba como el granate me abraza a mí. Como cuando las olas del mar chocan contra las rocas. 


Luego me contó que fue violento porque quería poder decidir qué parte quería tocar. 






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