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| © Evelyn Bencicova |
Todo son recuerdos.
Me contaba que moría mientras me aplastaba con su cuerpo.
Desconectaba, y viajaba a otra Tierra.
Tocaba el cielo con las manos debido al impulso del placer.
Sola y en bajito, gemía.
Se reía y me abrazaba fuertemente.
Recuerdo que yo no conté mi orgasmo, pero me lo imaginaba paso a paso.
Allí, en aquella cama catalana se fundían tres nacionalidades.
Recuerdo que yo no conté mi orgasmo, pero me lo imaginaba paso a paso.
Allí, en aquella cama catalana se fundían tres nacionalidades.
Vi una ventana al revés y la brisa recorría mi cuerpo.
Conocí la pureza del color blanco. Tan elegante, tan clasista, tan rebelde.
Terminó ese recuerdo y viajé a Madrid, a ese momento de impotencia.
Ya no estaba encima de mí.
Estaba a mi lado, y yo la abrazaba como el granate me abraza a mí. Como cuando las olas del mar chocan contra las rocas.
Ya no estaba encima de mí.
Estaba a mi lado, y yo la abrazaba como el granate me abraza a mí. Como cuando las olas del mar chocan contra las rocas.
Luego me contó que fue violento porque quería poder decidir qué parte quería tocar.
