Todo es mi problema.
Mi soledad exagerada, incluso cuando estás a mi lado.
Quizá, un poco globalizada.
Todo convive con las caricias del desprecio desproporcionado.
Quizá, algo enmascarado.
Todo es el problema infundado.
Un concepto abstracto, y férreo a tus principios excesivos.
Todo es una paranoia desmedida, y simplemente todo es un problema absurdo, perteneciente a mi realidad desorbitada.