Un anciano lo tocaba por placer.
Y yo me tocaba pensando en él.
Disfrutaba acariciarlo, y simplemente, contemplarlo.
En el pasado, yo me tocaba pensando en él.
Sus ojos me decían pecados, y sus labios me dejaban helado.
Un momento. Un suspiro.
Un abrazo, y mil besos, ahora en el olvido.
Quizás, ya tocaba ocupar el sitio adecuado.
