Delante de una obra de Dalí, y una mujer, de avanzada edad, con un cabello corto y de color blanquecino, se acercó a mí.
- ¿Sabe de arte?
La miré a los ojos, y me llenó el espíritu, el corazón.
Su mirada limpia y blanca, como su pelo, me llevó a una conexión espiritual.
Como cuando concibes la vida interior de la obra y el efecto de esa sensibilidad nubla tu mente, mi mente.
- Me gusta.
Yo cegado por la visión externa de esa obra sin nombre para mí, pero fruto de una de mis mentes favoritas, no veía el mundo interior que ella si.
- ¿A qué te recuerda?
Podría ser un mundo ideal. Su mundo ideal. El mundo ideal de él. Habría alcanzado el mundo de Platón.
Al escuchar a esa dulce señora, lo miré de verdad. Lo sentí. Lo palpé con el alma, y tras bucear en aquella trémula composición, salí a la superficie de ese jardín delicioso.
- El Bosco.
Aguas azules como la claridad de la alegría. Bolas de cristal, y orgías rebosantes de placer.